Antes de pagar un rediseño: qué comprobar para no pagar dos veces

Un rediseño se compra casi siempre para arreglar «la web no me trae clientes», y casi nunca toca la causa de eso. Cuatro comprobaciones de una tarde, con lo que ya tienes, para saber qué está roto antes de pagar por cambiarlo.

Publicado
Datos consultados
20 de septiembre de 2026
Tema
Web y conversión
Dato
Comprobación guiada
Dato
Una tarde
Dato
2 fuentes

La conversación empieza siempre igual: la web tiene tres años, se ve antigua, y no entran clientes por ahí. Alguien propone rehacerla. Nadie discute, porque las dos cosas son verdad a la vez y parece que una explica la otra.

El problema es que son dos hechos independientes, y el rediseño solo actúa sobre el primero. Se puede gastar un presupuesto entero en que la web se vea mejor y que el número de clientes que entran por ella siga siendo exactamente el mismo, porque lo que fallaba estaba en otro sitio. Esto es cómo averiguar dónde, antes de firmar.

El diagnóstico que nadie hace

Para que una web traiga clientes tienen que pasar cuatro cosas seguidas: que llegue gente, que esa gente entienda qué vendes, que pueda contactarte sin esfuerzo, y que alguien conteste. Si falla cualquiera de las cuatro, el resultado que ves es el mismo: no entran clientes por la web.

Y aquí está el truco: un rediseño mejora la segunda, a veces la tercera, y no toca ni la primera ni la cuarta. Si lo que falla es que no llega nadie, o que nadie contesta lo que llega, cambiar el diseño es cambiar el escaparate de una tienda en una calle por la que no pasa nadie. Se queda precioso.

Las cuatro comprobaciones que vienen ahora son una por cada eslabón, en el orden en que ocurren. Cada una da un resultado que se apunta. Al final, esos cuatro apuntes dicen qué hay que arreglar, y a veces dicen que sí, que toca rediseñar.

Uno: ¿llega alguien?

Es la comprobación más aburrida y la que más rediseños ha evitado. Abre tu analítica y mira las visitas de los últimos tres meses, quitando las tuyas y las de tu equipo. Si son cincuenta al mes, el problema no es el diseño: es que nadie sabe que existes.

Mira también de dónde vienen. Si el noventa por ciento son «directas» —gente que escribe tu nombre— tu web no está captando a nadie nuevo: está sirviendo de tarjeta de visita a quien ya te conocía. Eso puede estar bien, pero entonces el rediseño se compra para que la tarjeta se vea mejor, no para traer clientes, y conviene decirlo en voz alta antes de presupuestar.

Apunta dos números: visitas al mes y porcentaje que no es directo. Son los que deciden si el resto de la conversación tiene sentido.

Dos: ¿se entiende qué haces?

Esta es la única de las cuatro que un rediseño arregla de verdad, y hay una manera honesta de medirla que no cuesta nada: enseñársela a alguien de fuera.

Coge a tres personas que no trabajen contigo ni sepan a qué te dedicas. Enséñales la primera pantalla de tu web durante cinco segundos, quítala, y pregúntales dos cosas: qué vende esta empresa, y a quién. No les des contexto, no les expliques nada, y aguanta el silencio.

Si las tres contestan algo parecido a lo que tú dirías, tu mensaje funciona y el problema está en otro eslabón. Si cada una dice una cosa distinta, o si dicen «no sé, algo de servicios», acabas de encontrar lo que un rediseño sí puede arreglar. Ojo: lo que hay que arreglar ahí es el texto, y el texto no lo arregla el diseño, lo arregla decidir qué vendes y a quién. Un rediseño con el mismo texto vago sale igual de vago, más bonito.

Tres: ¿se puede contactar, y contesta alguien?

El tercer eslabón es el que más dinero se lleva por delante sin que nadie se entere, porque falla en silencio: el formulario no llega, llega sin información, llega a un buzón que no mira quien vende, o llega bien y nadie contesta hasta el lunes.

Se comprueba mandándote un formulario a ti mismo desde el móvil, con datos reales, sin avisar a nadie, y cronometrando lo que tarda en llegar y lo que tarda una persona en llamar. Lo contamos entero, con lo que suele salir, en la comprobación del artículo sobre cuánto tardas en contestar a un contacto de tu web.

Apunta dos números más: minutos hasta que llega el aviso, y horas hasta que alguien contesta. Si el segundo se mide en días, ya sabes dónde está tu problema, y no se arregla con diseño.

Cuatro: ¿carga y se puede usar en un móvil?

Esta sí tiene números públicos y un umbral que no se discute, porque lo publica quien luego lo usa. Google mide tres cosas, las llama Core Web Vitals, y dice cuándo están bien: la página principal tiene que pintarse en 2,5 segundos o menos, responder a la primera interacción en 200 milisegundos o menos, y no moverse mientras carga más de 0,1 de desplazamiento acumulado.1

Dos matices que casi nadie cuenta. El primero: esos umbrales se miden en el percentil 75 de las cargas, y por separado en móvil y en ordenador.1 Que a ti te cargue rápido con fibra no dice nada; lo que cuenta es cómo le carga al 75 % de la gente, que entra con el móvil por la calle. El segundo: la métrica de interacción, INP, sustituyó a la anterior en 2024.1 Si alguien te enseña un informe hablando de FID, ese informe es viejo.

Se miran gratis en PageSpeed Insights, poniendo la dirección, o en el informe de Core Web Vitals de Search Console si la tienes conectada. Mira el dato de campo —el de usuarios reales—, no solo el de laboratorio.

Y ahora lo que conviene leer antes de que alguien te venda un rediseño por este motivo, dicho por Google en su propia documentación: «obtener buenos resultados en informes como el informe “Core Web Vitals” de Search Console o en herramientas de terceros no garantiza que tus páginas vayan a aparecer al principio de los resultados de la Búsqueda de Google».2 Y más claro todavía: «La Búsqueda de Google siempre intenta mostrar el contenido más relevante, aunque la experiencia en la página sea deficiente».2

Léelo otra vez. Una web lenta con el contenido que la gente busca puede salir por delante de una web rápida que no lo tiene. Eso no significa que la velocidad dé igual —una página que tarda ocho segundos pierde gente por el camino, y eso pasa en tu web, no en el buscador—, significa que arreglar la velocidad no es una palanca de posicionamiento: es una palanca de no perder a quien ya venía.

Qué dice el resultado

Con los seis números apuntados, la decisión se lee sola.

Qué arreglar según cuál de las cuatro comprobaciones haya fallado.
Lo que fallaLo que hay que arreglar¿Hace falta rediseñar?
No llega casi nadieCaptación: que exista una manera de que te encuentren. Ahí van los anuncios, el contenido o el boca a boca.No. O no todavía
Llegan, pero nadie entiende qué vendesEl mensaje, y antes que el mensaje, la decisión de a quién te diriges.Sí, pero empezando por el texto
No se puede contactar o el aviso se pierdeEl formulario y a quién avisa. Suele ser configuración, no proyecto.No
Nadie contesta a tiempoUn acuerdo interno: quién contesta, en cuánto, y qué pasa un viernes a las siete.No. Y es el más barato de arreglar
Carga mal en el móvilPeso de imágenes, código y alojamiento.A veces. Antes, mirar si se arregla sin rehacerla
Nada de lo anterior falla y aun así no entran clientesEntonces la web no era el problema: revisa precio, oferta y si hay mercado buscándote.No

Fíjate en cuántas filas dicen que no. No es que un rediseño nunca merezca la pena: es que casi siempre se compra antes de saber cuál de estas seis cosas estaba pasando, y entonces es una apuesta cara. Hecha la comprobación, o resulta que hace falta y ya sabes exactamente qué tiene que arreglar —lo cual, de paso, es lo que hay que poner en el encargo—, o resulta que no, y te acabas de ahorrar el presupuesto entero.

Qué no se puede saber

No damos un precio de referencia de lo que cuesta una web en España. Buscamos si existía una fuente primaria y no la hay: lo que circula son tarifas de quien vende el servicio, que no son un dato de mercado.

Los umbrales de Core Web Vitals son los que Google publica el 20 de septiembre de 2026. Ya cambiaron una vez —INP sustituyó a FID en 2024— y volverán a cambiar sin aviso.

El dato de campo de Core Web Vitals necesita tráfico suficiente para existir. Si tu web tiene pocas visitas, PageSpeed Insights solo te dará el dato de laboratorio, que es una simulación y no dice cómo le carga a tu gente.

La prueba de los cinco segundos con tres personas no es un estudio: es una señal. Tres personas no son una muestra, y si las tres son de tu entorno la señal vale menos. Sirve para detectar un mensaje confuso, no para validar uno bueno.

Que las cuatro comprobaciones salgan bien no garantiza que entren clientes. Una web impecable de un producto que nadie quiere al precio que pides sigue sin vender, y eso no lo arregla ningún rediseño.

Las cuatro, en una tarde

  1. Visitas. Abre tu analítica, últimos tres meses, sin contar las tuyas. Apunta las visitas al mes y qué porcentaje no es tráfico directo.
  2. Mensaje. Enseña la primera pantalla a tres personas de fuera durante cinco segundos y pregúntales qué vendes y a quién. Apunta si las tres coinciden.
  3. Contacto. Mándate un formulario desde el móvil, con datos reales y sin avisar a nadie. Apunta los minutos hasta que llega el aviso y las horas hasta que alguien contesta.
  4. Carga. Pon tu dirección en PageSpeed Insights y mira el dato de campo en móvil. Apunta los tres números y si pasan de 2,5 s, 200 ms y 0,1.
  5. Lee la tabla de arriba con los seis apuntes delante y decide. Si después de esto encargas el rediseño, escribe en el encargo cuál de las seis filas tiene que arreglar: es la diferencia entre un proyecto con criterio de aceptación y uno que se juzga por si gusta.

Fuentes

  1. Google, web.dev, «Core Web Vitals». Umbrales de LCP (2,5 s), INP (200 ms) y CLS (0,1), medidos en el percentil 75 y por separado en móvil y escritorio; INP como métrica estable desde 2024 en sustitución de FID. Consultada el 20 de septiembre de 2026.
  2. Google Search Central, «Experiencia en la página en los resultados de la Búsqueda de Google». De ahí salen las dos frases sobre lo que unos buenos resultados no garantizan y sobre la prioridad del contenido relevante. Consultada el 20 de septiembre de 2026.

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